
Se che gusta Redelibros e queres axudarnos a medrar, engade un banner na túa web ou blog.
Redelibros alberga unha base de datos de máis dun millón de fichas de libros. Entre eles podes atopar dende as últimas novidades ata libros descatalogados ou noutros idiomas. Atendendo á nosa filosofía de espazo común, esta base de datos está aberta para que poda ser consultada por todo o mundo, sen necesidade de rexistro previo, e facer todo tipo de procuras e seleccións dende o buscador.
Como usuario rexistrado, ademais poderás valorar cun sistema de estrelas ou escribir os teus comentarios. Ambos poden consultarse na ficha de cada libro.
Coa vosa axuda queremos conseguir que a base de datos sexa o máis completa posible. Se non atopas algún libro, e queres engadilo, podes usar este formulario. Se botas en falta calquera dato relevante, ou atopas algún equivocado, podes editar a ficha do libro usando a opción “Editar detalles do libro”
Neste apartado poderás compartir textos (poemas, relatos, novelas ou o que sexa), escritos por ti ou por terceiros, que creas poidan ser de interese para o resto dos membros. Obviamente, tamén poderás ler, comentar e valorar os publicados por outros usuarios.
Se escribiches un libro e queres publicalo, Redelibros pódeche axudar. Nesta páxina atoparás unha completa guía de edición na que che explicaremos, paso a paso, que facer para ver o teu libro publicado. Tamén atoparás aos nosos provedores recomendados para cada proceso.
Nesta sección poderás coñecer de preto aos autores que pertenzen á nosa comunidade. E, se o desexas, tamén poderás adquirir algúns dos seus libros.
As ferramentas de "opinión" permítenche dispor de espazos onde compartir a túa opinión ou coñecer a do resto dos usuarios.
As ferramentas de "anuncios" permítenche comunicar ou informarche de eventos ou clasificados a través de Redelibros.
As ferramentas "multimedia" permítenche compartir e visualizar fotos, vídeos e arquivos de audio co resto de redelibreiros.
As ferramentas de "membros" permítenche atopar a outros usuarios de Redelibros ou invitar a outras persoas a formar parte da rede.
Nesta sección atoparás artigos dos nosos colaboradores (críticos, autores, editores, expertos, etc.) que che brindarán distintas perspectivas sobre a literatura e o mundo editorial: análise de xéneros, reseñas de obras concretas, estudos sobre actualidade editorial, traballos sobre autores destacados, etc.
Actividades que teñen premio. Concursos organizados polos nosos colaboradores ou polos propios usuarios para potenciar a creación literaria, audiovisual e artística. Unha sección que dá moito xogo.
Unha páxina que contén a moitas: os principais focos de información cultural do país, blogs, axendas culturais, páxinas de editoriais, seccións de cultura en prensa... Ofrecémoschas sindicadas por rss, automaticamente actualizadas e reunidas para a túa comodidade.
Colaborar e participar na rede ten premio: os redepuntos, que irás acumulando coa túa actividade. Poderás cambiar gratuitamente os teus redepuntos por libros na nosa tenda.
Queremos mostrar o noso agradecemento a todas as persoas, empresas e institucións que co seu gran esforzo e participación apoiáronnos e séguennos apoiando cada día para crear un espazo galego de literatura en Internet.
Se estás interesado en colaborar, ponte en contacto con nós.

Premio Frei Martín Sarmiento 2012.
Xa á venda a QUINTA EDICIÓN 

El inquisidor Glokta, convertido en un cínico tullido tras su paso por las cárceles de los enemigos de la Unión, es ahora a su vez un eficaz torturador capaz de extraer cualquier información de un criminal o de quien decidan sus superiores...
El capitán Jezal dan Luthar no ha hecho en su vida nada más peligroso que desplumar a sus amigos jugando a las cartas y soñar con la gloria de vencer en el certamen de esgrima. Pero se está fraguando una guerra, y en los campos de batalla del Norte la lucha se rige por normas mucho más sangrientas...
Logen Nuevededos, infame bárbaro de pasado sangriento, acaba de perder a sus amigos y está decidido a abandonar sus tierras y dirigirse al sur, pero los espíritus le advierten que le busca un Mago de los Viejos Tiempos…
Sus historias se entrelazan en una fantasía negra repleta de acción y personajes memorables.
El rey de los hombres del Norte se mantiene y solo hay un guerrero que le pueda detener. Su viejo amigo y su enemigo más antiguo: ha llegado la hora de que el Sanguinario vuelva a casa… Glokta está librando una lucha secreta en la que nadie está seguro y nadie es de fiar. Y como sus días de guerrero están lejos, utiliza las armas que le quedan: chantaje, tortura… Jezal dan Luthar ha decidido que la gloria es demasiado dolorosa y prefiere una vida sencilla con la mujer a la que ama. Pero el amor también puede ser doloroso y la gloria tiene la desagradable costumbre de aferrarse a un hombre cuando menos la desea… El Rey de la Unión ha muerto, los campesinos se rebelan y los nobles luchan por su corona. Sólo el primero de los Magos tiene un plan para salvar el mundo, pero esta vez hay riesgos. Y no hay un riesgo más terrible que romper la Primera Ley… El volumen que cierra la impresionante trilogía de una voz que ya es imprescindible en la fantasía moderna.
El Superior Glokta tiene la misión de defender una ciudad sitiada por el ejército gurko y minada por la traición, además de descubrir que ocurrió con su predecesor...
Los hombres del Norte han cruzado la frontera y han entrado a sangre y fuego en territorio de la Unión. Para detenerlos no bastará con el ejército del Rey...
Bayaz, el Primero de los Magos, conduce a un heterogéneo grupo de aventureros en una peligrosa misión por las ruinas del pasado...
«Debemos perdonar a nuestros enemigos, pero nunca antes de que los cuelguen.» (H. Heine)
Tan profundamente cínica como su lema y llena de humor y giros sorprendentes, el segundo volumen de la serie La primera Ley confirma a Joe Abercombie como una de las voces más destacadas de la fantasía actual.
"Antes de que los cuelguen te agarra y te arrastra consigo." (SFSite)
"La sombría e intensa continuación de La voz de las espadas trasciende su condición de volumen intermedio y mantiene al lector absorto en su complicada trama y en el desarrollo de los personaje... Abercrombie equilibra la acción sangrienta con momentos de humor negro y desarrolla una historia imbuida de comprensión por los claroscuros de la naturaleza humana." (Publisher Weekly)
Antes de que los cuelguen sido elegido el libro favorito de los lectores de SFFWorld.com y estuvo entre los finalistas del SFSite en 2007.
Cuando se apaga el clamor de las espadas, solamente queda carroña para los cuervos.
Las circunstancias han forzado una tregua en la guerra de los Cinco Reyes. Los intrigantes miembros de la Casa Lannister intentan consolidar su hegemonía en Poniente; la flota de las Islas del Hierro se congrega para la elección de un rey que restituya la gloria perdida del Trono de Piedramar, y en Dorne, el único de los Siete Reinos que permanece apartado del conflicto, el asesinato de la princesa Elia y de los herederos Targaryen todavía se recuerda con dolor y rabia. Entre tanto, Brienne de Tarth parte en busca de Sansa Stark en cumplimiento de una promesa, y Samwell Tarly regresa de las tierras inhóspitas de más allá del Muro acompañado de una mujer y un niño de pecho.
Festín de cuervos, consigue mantener la intensidad emocional de sus predecesoras y continúa tejiendo con maestría y convicción la multiplicidad de tramas de una serie sin parangón. Martin hace gala de una primorosa atención al detalle y añade nuevas pinceladas a un fresco cada vez más rico en matices con el que insufla vida a un universo de ficción tan vasto e implacable como la realidad. Una nueva entrega que logra saciar provisionalmente en el lector una curiosidad que, al mismo tiempo y de forma inapelable, se acrecienta ante el desfile de pasiones y sacrificios, heroísmo y sordidez de una narración memorable.
Un deslumbrante derroche de talento e imaginación en el libro más esperado.
Castillo de Luna, León. Marzo de 1090
El rey apestaba... más de lo habitual. Al hedor cotidiano de ropas pringosas y baños escasos se unía el tufo de la muerte que ya le rondaba. Yacía sobre el gran lecho de madera labrada con el rostro ido, la túnica revuelta y los cabellos enmarañados y grasientos.
—¡Alabado sea el Señor!
Se elevaban plegarias al apóstol Santiago, a san Cosme, a san Damián, a san Bernardino. Volaban cruces sobre los pechos de las mujeres. La pestilencia de vómitos y heces llenaba la estancia de la torre de Luna, se mezclaba con la fragancia de las juncias, tomillos y demás hierbas olorosas que alfombraban el suelo. En unos pebeteros sobre un arcón se quemaba incienso de romero, en un esfuerzo por disimular la corrupción de las tripas.
—¡Vive Dios que no se muere!
Las fiebres no le abandonaban desde hacía una semana. Estremecían su cuerpo atocinado con espasmos que le dejaban exhausto y se alternaban con cefaleas y náuseas. Por momentos recobraba la lucidez y paseaba una mirada indiferente por la cámara, como si se sintiera ya muy lejos de cuanto le rodeaba. Luego su atención se volvía hacia una bandeja situada a la vera del lecho y repleta de hojuelas, pestiños, diacitrones, rosquillas, quesadillas y pasteles de nuégado. Entonces sí, entonces sus ojos claros revivían y sus dedos, gruesos como lechones bien cebados, luchaban por hacerse con el botín de algún dulce. Pero ya las fuerzas le fallaban, ya era el gesto más el recuerdo de pasadas ansias que reflejo de apetitos presentes. Su cabeza se vencía, se le entreabría la boca repleta de astillas negras y se deshacían sus tripas entre convulsiones y miasmas.
—¡Por todos los demonios, mujer, deja de gemir...!
Velasco Jiménez paseaba sus humores de oriente a poniente, incapaz de darse reposo, hastiado de los plañidos de las mujeres. Se le moría el rey cautivo en las mismas barbas. Había sido su padre, Jimeno Velázquez, merino de la torre de Luna, quien se hiciera cargo de García cuando el rey Alfonso decretó su prisión tras arrebatarle el reino de Galicia. Él era niño entonces, pero recordaba bien las palabras de Alfonso:
—García es hijo de rey y hermano de reyes, Jimeno, no lo olvides. ¡Es mi hermano, pardiez! Mantenlo prisionero y encadenado, pero trátalo con la deferencia debida a un rey. No han de faltarte recursos, te lo prometo.
Y así había sido. Diecisiete años después, su padre llevaba nueve en la tumba. Velasco había heredado la merindad y la custodia y el rey Alfonso jamás dejó de enviar lo convenido. Pero el prisionero se le moría.
—¡Maldito cabrón ingrato!
Caminaba a grandes trancos de un lado a otro de la cámara, el ceño de lobo acorralado, indiferente al runrún de las oraciones y a los flujos y reflujos que provocaba su paso entre criados, doncellas, damas, cortesanos, frailes y lebreles.
—¡Qué, qué, qué! —se detuvo ante el físico que cuidaba del moribundo—. ¡Para qué tanta pócima y tanta sangría, rediós! ¡No eres mejor que un tablajero! ¡Se muere!
El maestre permanecía de pie al lado del capellán de la torre, que dirigía las plegarias. Al sentirse interpelado, humilló la cabeza y se apresuró a tomarle el pulso al enfermo. El rey yacía con los ojos cerrados, la boca entreabierta y la respiración fatigosa. Su tez, ya de por sí pálida, se mostraba cadavérica.
Velasco se volvió para reanudar su deambuleo. Una vieja que retiraba el vaso de noche del moribundo no se percató del brusco giro del merino, que se le vino encima antes de que pudiera reaccionar. El bacín se volcó con estrépito de lozas, derramando la mayor parte de su contenido sobre la anciana. Unas pocas gotas salpicaron la botarga de vivos morados y el jubón de raso negro de Velasco Jiménez, que soltó una imprecación y arreó una tremenda bofetada con el dorso de la mano a la mujer.
—¡Vieja estúpida, mira cómo me has puesto!
La fámula salió despedida hacia atrás y cayó al suelo empapada en heces y orines. De su mejilla manaron unos hilos de sangre, allí donde los anillos del merino se le habían clavado. Un revuelo de exclamaciones ahogadas rompió las plegarias y sacudió la modorra de la cámara mientras varios criados acudían a socorrer a su señor, que los ahuyentó con movimientos enérgicos de los brazos.
—¡Maldita sea, qué peste! —exclamó Velasco, refiriéndose quizá a los orines, quizá a los criados, mientras salía de la estancia con arrebato de furias.
El maestre, todavía con el pulso del enfermo en sus manos, le despidió con una mirada cargada de resentimiento:
—¡Tablajero! ¿Pero qué se habrá creído?
—No se lo tengáis en cuenta, maese, está fuera de sí —repuso el capellán.
—Son muchos los que alaban mi ciencia —masculló el físico—. ¡Que un ignorante como éste me llame tablajero! Con estas manos —y al mostrárselas al capellán dejó caer al descuido el brazo del rey— he obrado curaciones que asombrarían al mismísimo Galeno...
El capellán vigilaba de reojo a la vieja, que trataba de levantarse. Se alejó discretamente unos pasos:
—Pues en este caso tanta ciencia no parece dar los frutos apetecidos.
Un destello de dignidad ofendida:
—Lo mismo podría decir de tanta jaculatoria.
—¿Cómo queréis que acierte con el santo si cada día cambiáis el diagnóstico? No es lo mismo rezarle a san Blas que a santa Apolonia.
—Todas son oraciones.
Se encogió de hombros el fraile:
—¿Quién conoce los designios del Altísimo?
El físico no respondió. Había probado ya con estiércol de lobo para los cólicos, con hierbas disueltas en vino, con sangrías, purgantes, aromatorios, conjuros..., nada parecía dar resultado, a pesar de que ponía todo su empeño en el intento. Pero se resistía a admitir su fracaso:
—Las fiebres cuartanas persisten y el trastorno humoral se acentúa —irguió la cabeza y examinó al capellán con altivez—. ¿Qué puedo hacer yo, por amplios que sean mis saberes, si no está de la mano del Señor que se cure? Si las oraciones carecen del fervor necesario...
El fraile se persignó. Su gesto fue imitado de forma maquinal por la esposa del merino que, a prudente distancia, velaba al enfermo rodeada de sus damas de compañía.
—Osea que se muere.
—Y con él se esfuman privilegios y dineros de la custodia.
—Y se agria el carácter de nuestro señor Velasco.
Medraba el rumor de voces, imprecaciones, risas. La estancia de la torre era una gran construcción de piedra con techo de madera, dividida por tapices de los que llamaban acitharas o alharagas, paños de trama de seda con decoración geométrica según el gusto mozárabe, que colgaban del techo separando amos de criados. Cerca de la puerta, un grupo de soldados, las armas vencidas contra la pared y arracimados sobre endebles banquetas, soltaban reniegos y aleluyas según la suerte que marcaran los dados. Un tintineo de monedas ponía música a sus juramentos.
La vieja se había levantado ya, pero en el lugar de la caída permanecían los restos del vaso de noche del rey. Uno de los lebreles se acercó a husmear. La dama principal puso cara de asco y buscó en torno hasta dar con una doncella que haraganeaba junto a una de las ventanas. La moza, que no la señora, era de cabellera castaña y talle prieto, con una mirada chispeante y una piel que prometía tersuras. Charlaba con otras criadas, despreocupada de cuanto sucedía alrededor.
—Inés, limpia esa porquería.
Nada respondió la doncella, aunque la sombra del fastidio cruzó su rostro. Todavía se quedó un momento donde estaba, sentada en uno de los poyos de la ventana, observando con desgana la inmundicia. Se levantó despaciosamente y se dispuso a hacer lo que le ordenaban.
El capellán la observó mientras cogía un paño y se agachaba sobre los restos del bacín tarareando una melodía. El corpiño ajustado resaltaba sus pechos, que se erguían con insolencia. Un hilillo de saliva resbaló por la comisura de los labios del fraile. La muchacha, ajena al escrutinio, fregaba con movimientos cansinos, indolentes.
—Proseguid, padre.
La orden llegó como un ladrido. El capellán hizo un esfuerzo por desprender su mirada de la doncella y sus ojos se cruzaron con los de la dueña. Era una mujer gruesa, con una piel de pergamino grasiento y una expresión permanente de amargura. Un ligero rubor tiñó las facciones del fraile al sentirse descubierto. La señora examinó con detenimiento las formas esbeltas de la moza y su semblante se crispó un poco más:
—Termina de una vez, muchacha.
Un estertor agudo. El maestre se inclinó sobre el lecho del rey García. Se había despertado y se esforzaba fatigosamente por respirar. Su rostro redondo estaba congestionado, con los cabellos ralos pegados al cráneo. Los ojos bailaban sin ton ni son:
—Con los fierros, con los fierros...
El murmullo llegó velado por la agonía, pero el físico ni se molestó en descifrarlo: bien sabía ya lo que repetía sin descanso desde que, tres días atrás, un mensajero del rey Alfonso había llegado con la orden de quitarle las cadenas. García se resistió con lo que le quedaba de fuerzas:
—Con ellas he vivido y con ellas me han de enterrar.
Era su forma de vengarse de los diecisiete años que llevaba preso tras los muros de la torre de Luna. El merino había vacilado, pero al cabo no osó contrariar los deseos de un moribundo.
Un olor fétido manó del lecho. El vientre del rey se deshacía. El físico ni se inmutó.
—Se está convirtiendo en una tradición familiar... —El capellán se había acercado al lecho y observaba al médico con una sonrisa burlona.
—¿A qué os referís?
—Bueno, a su hermano Sancho se le fue la vida por el ano. Se ve que García no quiere ser menos.
Era de público conocimiento. A la muerte de la reina Sancha la discordia había estallado entre sus hijos, Sancho, Alfonso y García, por el control del reino. El demonio, sembrador de rencillas, alteró sus pensamientos de manera tal que se levantaron alborotos y sediciones de las que se siguieron grandes daños. Sancho porfió hasta desposeer a sus hermanos de sus herencias, aunque más le habría valido desposeerlos también de sus vidas, pues poco le duró lo que con tanto esfuerzo (ajeno, eso sí, en forma de batallas y muertes de sus leales) había conseguido: unos años después, cuando cercaba Zamora, un felón llamado Vellido Adolfo lo atravesó con una lanza mientras hacía de vientre. Todas las sospechas apuntaban a Alfonso como instigador, pero solo Rodrigo Díaz de Vivar, al que los musulmanes llamaban Sidi, había osado alzar la voz. Fuera como fuese, al poco Alfonso se hizo también con Galicia y encerró a su hermano García en la torre de Luna, reunificando así la herencia de sus padres.
—Todavía le aprieta la sangre. Prepararé un conjuro y le practicaré otra sangría.
El capellán se encogió de hombros:
—Haced lo que os plazca... pero no pongáis demasiado empeño: cuanto antes acabe, antes saldremos de aquí —se volvió nuevamente hacia Inés, incapaz de resignar su voluntad de los indolentes movimientos de la muchacha.
—¿No me has oído, fraile? Prosigue.
El capellán suspiró, pero acató la orden de la dueña y reanudó las plegarias. No había hecho más que empezar cuando un nuevo estertor sacudió al enfermo. Unos gemidos, un espasmo.
—Alabado sea el Señor...
Un fortísimo trueno rompió las nubes y provocó una oleada de sobresaltos. La luz del día menguó y los criados se apresuraron a prender los altos hacheros de hierro forjado que colgaban de las paredes.
Desde una de las ventanas más alejadas de la cámara observaba la escena un juglar. Había estado tocando la fídula para entretener a las damas, pero ahora el instrumento reposaba contra la pared. Se llamaba Silveira y era hijo de un ferreiro de Celanova. Había llegado a Luna días atrás con la intención de hacer una breve parada antes de dirigirse a León, donde se celebraba un concilio que reunía a obispos y magnates del reino y que prometía ser un buen lugar para ganarse el sustento. Pero al enterarse de la enfermedad del rey cautivo había sido incapaz de seguir su camino.
Tras los postigos abiertos comenzó a llover copiosamente. El juglar contempló la lluvia. El castillo se erguía en un espolón de la cordillera cantábrica, justo donde la llanura se encrespaba sobre el río y el valle de Luna hasta alcanzar no muy lejos las alturas de Peña Ubiña.
—El rey ha muerto.
La voz del físico apenas acalló los murmullos. De algunos pechos huyeron suspiros de resignación... y alivio. Los soldados se santiguaron, mascullaron conjuros para alejar el mal y continuaron la partida como si nada, pendientes del brillo de los denarios de vellón. Las damas de compañía se persignaron, musitaron una plegaria y reanudaron su cháchara con nuevos bríos.
Silveira pensó en acercarse al lecho, pero comprendió que un don nadie como él no sería bien recibido. Le dolía la muerte del cautivo. La visión de aquel hombre cebado al que llamaban rey y mantenían con cadenas le turbaba. Había sido su rey, el rey de Galicia. Cuando era un chiquillo, casi veinte años atrás, lo había visto en Celanova, un gallardo caballero sobre su corcel, el talle delgado y el semblante distendido, disfrutando del sol de primavera. Verlo nuevamente, y en tal estado...
Una letrilla llevaba varios días rondándole, imprecisa y fugitiva. En ese momento, al contemplar el cadáver del rey rodeado de la indiferencia general, le vino a las mientes el final:
Los cuerdos fuyr devrían
de do locos mandan más,
que quando los çiegos guían
¡ay de los que van detrás!
(Gómez Manrique, Exclamación e querella de gobernación.)
Una aclaración histórica
La muerte de Fernando I en 1065 y de la reina Sancha en 1067 abrió un período de conflictividad dinástica en los reinos del noroeste peninsular. En su testamento, Fernando y Sancha repartieron el reino entre sus hijos Sancho, Alfonso y García. Castilla quedó en manos del primogénito, Sancho. León, el territorio más rico, fue la herencia de Alfonso y Galicia le correspondió a García.
En 1068 la guerra civil se desató entre los hijos. Sancho se consideraba el legítimo heredero de todas las posesiones de sus padres, por lo que se enfrentó a Alfonso en la batalla de Llantada el 19 de julio de 1068; el enfrentamiento consistió en un juicio de dios, previo pacto de que el que resultase victorioso obtendría el reino del derrotado. Sancho venció, pero Alfonso no cumplió lo acordado. Sin embargo, no hay testimonio de que se rompieran las relaciones, pues Alfonso acudió en 1069 a la boda de Sancho y en 1070 ambos se aliaron contra García.
Aprovechando una rebelión nobiliar en Galicia, Alfonso y Sancho destronaron a García, que huyó a Sevilla con buena parte del tesoro de la catedral compostelana. Ambos hermanos se repartieron el reino y se intitularon reyes de Galicia tras firmar una tregua entre los dos.
Pero esta tregua no duró demasiado. El 4 de enero de 1072, los ejércitos de los dos hermanos se enfrentaron en la batalla de Golpejera. Dirigía el ejército de Sancho Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. Alfonso fue derrotado y Sancho se proclamó rey de León, con lo que consiguió reunificar los territorios de su padre.
Alfonso fue exhibido con cadenas en la plaza pública y paseado hasta el monasterio de Sahagún, donde quedó encerrado. Poco después logró huir con la ayuda de su hermana Urraca y se refugió en la corte del rey Al Mamún de Toledo. Con él se exilió buena parte de la nobleza leonesa, descontenta con Sancho.
Al enterarse de la participación de Urraca en la fuga de Alfonso, Sancho se dirigió al frente de sus ejércitos a Zamora, donde se refugiaba la infanta, y puso cerco a la ciudad. Un día, el noble zamorano Vellido Dolfo se presentó ante Sancho afirmando ser un desertor y se ofreció para mostrarle al rey los puntos débiles de las murallas. El rey deseaba poner fin al ya prolongado cerco y consintió en acompañarle, pero Vellido Dolfo era un agente de Urraca. Aprovechando que el rey se había alejado de su guardia para defecar, lo mató con una lanza. Era el mes de octubre de 1072.
Tras la muerte de Sancho, Alfonso se hizo con León y Castilla y García regresó a Galicia con la intención de recuperar su reino. Pero Alfonso VI no estaba dispuesto a compartir lo que tanto le había costado ganar: atrajo con engaños a García y lo encerró, con cadenas, en la torre de Luna, en León.
El rey García permaneció diecisiete años encerrado y encadenado, hasta su muerte en 1090. Eso sí: tras su fallecimiento fue enterrado en el Panteón Real de San Isidoro de León.
Al margen de la recreación del hecho histórico de la muerte de García, Con los fierros tiene una segunda lectura. El rey, como los miembros de los demás estamentos, es reflejo de la sociedad en la que vive. La corte real es un compendio de las virtudes y defectos de esa sociedad. Y, en un mundo dominado por el cristianismo, esos defectos, esos pecados, no pueden ser sino los siete pecados capitales que se ocultan en los distintos personajes de esta singular corte, desde los soldados al físico, el capellán o el mismo rey prisionero.
Solo he querido salvar a uno, solo uno muestra compasión y tristeza por la muerte del monarca: el juglar. En un mundo encorsetado, simboliza el aire fresco de la libertad.
Para Ana y Belén,
ellas sabrán por qué...
Desde ayer por la mañana están ahí fuera. Escucho sus gritos, sus voces cargadas de rabia que se deslizan hasta mi celda, los lemas que corean. Me han encerrado sola, dicen que tienen miedo de que las otras internas hagan algo si me pillan. Y sí que lo harían si pudieran, seguro. Pero no solo ellas. Usted misma está escandalizada aunque sea psicóloga, se lo veo en la cara, piensa que soy un monstruo. También los de fuera, los manifestantes, la gente que se agolpa a la entrada. Esta mañana, cuando me llevaron a declarar, había una multitud que me insultaba. Sentía sus ojos cargados de odio, sus gritos. Me hubieran descuartizado allí mismo, si no fuera por los policías que me protegían. Una señora mayor que podía ser mi abuela me escupió al pasar. Tenía los ojos inyectados en sangre y su cara se retorcía por la rabia. Estaba horrible, la verdad. Y ni se daba cuenta.
Qué sabrán ellos. No entienden nada, nada. Ahora todos me miran y se escandalizan, menudos hipócritas, pero yo no pedí salir en los telediarios ni pedí convertirme en el monstruo adolescente de América. Lo que pasa es que necesitan carnaza fresca para convencerse de que sus asquerosas vidas son lo mejor.
Joder, si parece que disfrutan con toda esta basura, están deseando saber más. Mucho dios mío pero nadie se pierde detalle: que si el bebé fue encontrado con la cara amoratada, que si había señales de sangre en el lavabo y ay, qué escándalo, qué falta de sentimientos y la juventud corrompida y todas esas mierdas.
Y luego están los periodistas. Me han convertido en el engendro del país. Si pudieran, esos capullos me quemarían en la hoguera y lo retransmitirían a todo el mundo con una sonrisa en los labios. Pero soy yo la bestia inhumana.
¿Sabe? Hasta las amigas del instituto disfrutan con el espectáculo, las he visto en la tele, son famosas porque me conocían. Ayer salió la gorda de Vanessa con su cara de gilipollas diciendo que ella era una de mis mejores amigas, que me conocía bien y yo era una chica normal, buena persona, que jamás podría imaginarse que hiciera algo como lo que hice. Nunca me tragó y ahora se pasea por ahí diciendo que era mi amiga. ¡Pero si no podía soportarme desde que salí con Billy!
En la tele salgo mal, pálida, ¿no le parece? Claro, estoy sin maquillaje. ¡Vaya cerdos, los tíos! Me cogieron desprevenida y no pude ni pintarme los ojos. Voy a tener que ponerme a dieta, porque parezco un poco gorda. Será por lo del embarazo, supongo. Menuda mierda. Nueve meses llevando esa cosa dentro de mí, devorándome por dentro. Mis tetas parecía que iban a estallar, de grandes que se pusieron.
Bueno, lo de las tetas estaba bien. Los tíos no paraban de mirarme, ya sabe cómo son, se les iba la baba por los ojos cada vez que me veían pasar. Aunque tampoco es muy difícil, usted es mujer y lo entiende, con ponerse unos pantalones ajustados y no llevar sujetador ya los tienes a todos detrás, llamándote a casa y esperándote a la salida, todos deseando metértela y si se lo pones difícil se enamoran como burros y te dan la vara tres meses, que si eres la mujer de su vida, que si harían cualquier cosa por ti. Una vez, el imbécil de Joe llegó a llamar a un programa de la tele, el de “Lucha por su amor”, ¿sabe?, ese en el que se juntan parejas, a lo mejor usted lo conoce, y me apareció un día en la playa disfrazado de corazón y diciendo que me quería. Dios, qué vergüenza, imagínese, solo de recordarlo me pongo roja, todo el mundo mirándome y las cámaras y el presentador baboso de sonrisa profidén preguntándome si era un amor correspondido y yo en biquini y sin maquillarme.
A los tíos los quería ver yo con un bombo como el mío. Qué mierda iba a hacer con dieciséis años y esa cosa a mi lado y el escándalo que se iba a montar cuando contara la verdad. Porque fui yo la que tuve que aguantar los nueve meses, uno tras otro y sin decírselo a nadie. Lo malo eran las fajas, para que no se me notara la barriga. Yo siempre tuve el vientre plano, tan liso que podía ponerme cualquier cosa. Cuando llevaba top hasta mis amigas se retorcían de envidia al verme. Ni un gramo de grasa, lo mío me costaba. “Ay, Mary, tía, tienes una figura de modelo”, me decían, no paraban de alabarme. Pero las fajas eran un tormento, una opresión ahí abajo, que parecía que se me iba a aplastar el corazón. Hasta tuve que dejar de ponerme minifaldas porque no quería que se me notara nada. ¿Cómo lo iban a entender? ¡Si ni siquiera yo lo entendía! Nadie me iba a creer, eso seguro, como tampoco me cree usted, lo leo en sus ojos. Pero me da lo mismo. Hice lo que tenía que hacer, porque yo quería ser modelo. ¿Cómo iba a ser modelo después de eso?
La culpa es de mi madre. Se llama Anna, ¿sabe? Cuando era joven quería ser modelo, también, pero luego ya sabe lo que pasa, conoció a mi padre y claro, se quedó embarazada, así que tuvo que olvidarse de todo. Mi madre siempre me decía que yo iba a llegar muy alto, que era un ser adorable. Ya, ya, lo que dicen todas las madres, pero esto es distinto, ella es muy religiosa, sabía lo que decía. De pequeña me vestía de angelito y me llevaba a la iglesia, yo cantaba en el coro y todos decían que era una niña divina.
Pero ahora todos me juzgan y veo en sus ojos la condena. No necesitan saber nada más, les basta con leer los periódicos, con hacer caso a toda la basura que estos días publican sobre mí. Me tratan como bazofia, hacen conmigo lo que yo hice con el pequeño monstruo que me devoraba por dentro. Pero ellos no saben nada. Ellos no tienen excusas para tratarme como si fuera mierda. Me acusan de ser fría, de carecer de sentimientos de madre, de ser inhumana. Qué sabrán. Qué mierda sabrán.
Porque sí, es cierto, señora, no lo voy a negar, yo tuve a esa cosa dentro de mí, nueve meses enteros comiéndome por dentro, ¿ha tenido alguna vez hijos?, es como tener un bicho en la tripa que te va devorando. Te vas poniendo gorda y desaparece el vientre liso y no te sirve la ropa y te da la sensación de que todos te miran. Yo parí a ese monstruo y lo tiré a la basura, ¿qué iba a hacer, si no? ¿Cómo podía criarlo, después de todo? Nadie se enteró de nada, ni del embarazo ni del parto, fíjese que incluso estaba en la fiesta bailando como si tal cosa, con mi faja y aquella sensación de que iba a estallar y la opresión en el corazón, pero yo bailaba como si nada, para que no se notara. Entonces me di cuenta de que ya había llegado el momento. Estaba con Joe, sí, el del programa de la tele, ya ve, al final salimos juntos, y de repente sentí que algo me chorreaba entre las piernas. Lo pasé muy mal, imagínese, con el dolor y el nerviosismo. Le dije a Joe que fuera a buscar algo de beber, entré en el baño y allí mismo lo tuve.
Pero no dejé que llorara, no. Aquello era un monstruo, oiga, se lo aseguro, feísimo y lleno de sangre, no dejé que llorara. Creo que ni llegó a respirar, lo envolví muy fuerte en una toalla y lo tiré al contenedor. Yo sé que era lo mejor.
No, no me mire usted con esa cara, señora, yo sé lo que me digo. Era lo único que podía hacer, no se imagina la de problemas que tendría si lo dejo vivir, ya no podría ser modelo, ni nada.
Además, yo no quería tenerlo. Nunca, nunca quise tenerlo. Joe era mi novio, pero él y yo no... Bueno, ya sabe, nunca lo hicimos, yo no quería que me sucediera lo mismo que a mi madre. Entonces..., entonces pasó “aquello”. Me llevé un susto de muerte. Se lo dije a mi madre, ella era la única que lo supo, se lo dije y me creyó, claro, ella es muy religiosa, se quedó traspuesta de felicidad y no paraba de cuidarme y darme de comer para que la cosa creciera sana…
Pero yo no quería tenerlo. Porque, vamos a ver, señora, ¿qué podía hacer? Un día, al volver del instituto, se me aparece aquella cosa inmensa con alas que parecían plumas de gigante y me dice que es un ángel, el enviado del Señor, me dice, y ale que estoy embarazada, yo, que soy virgen, y que en mí va a nacer el Mesías, el Hijo de Dios. Pero, señora psicóloga, compréndalo, yo quería ser modelo.
Además, no creo en Dios.
Una explicación, encontrada en la prensa:
ADOLESCENTE NORTEAMERICANA DA A LUZ
EN UNA FIESTA Y TIRA EL BEBÉ A LA BASURA
Una joven estadounidense de dieciséis años, M.B., fue detenida por la policía de la ciudad de Los Ángeles acusada de asesinato tras el hallazgo de un bebé recién nacido en el cubo de la basura de su casa.
Al parecer, el viernes pasado M.B. organizó una fiesta en el domicilio de sus padres. Durante la misma, la joven rompió aguas y dio a luz en el cuarto de baño, sin que ninguna de sus compañeras observara nada extraño. Tras el parto, la joven envolvió al recién nacido en ropa vieja y lo depositó en el contenedor de basura. El bebé murió, poco después, por asfixia.
Sus amigas comentaron que no habían observado nada extraño en el comportamiento de M.B. Ninguna de ellas se había percatado del avanzado estado de gestación de la joven. “Estuvo bailando toda la noche ―comentó una de ellas― y se comportó con absoluta normalidad”.
© Fran Zabaleta, 2005. Reservados todos los derechos.
Para Andrea
(Que) Seguramente y por vez primera,
después de leer estas palabras,
pensará que la amo profundamente.
Y así es, ciertamente.
Había decidido dedicar y apostillar su último libro. Todavía no lo había empezado, pero ya sabía para quién lo escribiría. Eso le ahorraba el profundo pesar de romper manuscritos luego de meses y meses de trabajo, solo por no saber qué contestarse a sí mismo cuando se preguntase "Por qué he hecho esto".
Esta vez, tendría su causa.
¿Para quién?
Para Ella, se respondió diligentemente.
Para qué, le volvió a preguntar su propia voz;
Porque seguramente, pensaré: Ella pensará que la amo profundamente. Y eso es lo que hace falta. Le harán falta héroes, y qué más puedo anhelar después de mi muerte, que el descubrimiento de uno que, en mi ausencia, cumpla la carencia y no la complete.
Acabó su libro en siete páginas, vagó por restos y rincones de una casa que ya no recordaba y acomodó el manuscrito con calma. Lo miró por última vez y, al fin, supo que lo único que le quedaba era la certeza de que ella leería sus palabras. Solo entonces, llegaría la calma y sucedería lo que él pretendía inevitable.
Su cuerpo fue encontrado sin vida la madrugada misma del miércoles veintitrés de octubre de mil novecientos sesenta y tres.
© Ana Schiuma, 2010. Reservados todos los derechos.
Concurso de microcontos para nenos
Devecía polas princesas. Non podía evitalo, era algo máis forte ca min, unha cousa que me viña de familia. Cando o meu papaíño arroupábame na cama polas noites, eu sempre lle pedía que me falase das princesas. O meu pai rosmaba un chisco, que se non estaba de humor, que se o día fora moi duro, pero ao final remataba por compracerme. Comezaba a falar e entón a súa voz profunda transformábase, volvíase doce e degorante e tamén el deixábase arrastrar pola maxia das palabras. Pero despois, cando calaba, a faciana crispábaselle un pouco, coma cando espertas dun soño moi fermoso e decátaste de que era só un soño. Entón dicía cun aceno severo:
―Non debes facer tanto caso dos contos, fillo. A verdade é que as princesas son moi eslamiadas.
Pero eu sabía que só o dicía para que non me fixese ilusións, porque as princesas van moi caras e os ogros somos pobres.
Me encantaban las princesas. No podía evitarlo, era algo más fuerte que yo, una cosa que me venía de familia. Cuando mi papá me arropaba en la cama por las noches, yo siempre le pedía que me hablara de las princesas. Mi padre rosmaba un poco, que si no estaba de humor, que si el día había sido muy duro, pero al final terminaba por complacerme. Empezaba a hablar y entonces su voz profunda se transformaba, se volvía dulce y anhelante y también él se dejaba arrastrar por la magia de las palabras. Pero después, al acabar, el semblante se le crispaba un poco, como cuando te despiertas de un sueño muy bonito y te das cuenta de que era solo un sueño, y me decía con gesto severo:
―No debes hacer tanto caso de los cuentos, hijo. La verdad es que las princesas son muy sosas.
Pero yo sabía que solo lo decía para que no me hiciera ilusiones, porque las princesas van muy caras y los ogros somos pobres.
Concurso de microcontos xeral
A negra sombra esvaeu lixeiramente á lus do candil. Novamente, resoaron os queixumes dos pinos ao pé das burgas, na Terra Cha, na Quintana viva de Galicia, mentres follas novas enchían de espranza a terra asoballada.
Pero chegaron homes de ningures á cidade dos césares e acabaron cas memorias dun neno labrego. Xente de mala morte! Hoxe, de novo, todo é silencio. Só queda a longa noite de pedra. E aló, na periferia, a resistencia.
Publicado 30 Setembro 2010
Hace tiempo leí un texto de George R. R. Martin, el autor de la genial (e inacabada, para nuestra desgracia) Canción de Hielo y Fuego. Hablaba sobre su visión de la fantasía, y me parece muy adecuado para comenzar con él este blog que pretende hablar de todo lo rel...
Rexístrate en Redelibros, únete a este grupo e participa no sorteo de 3 vales de 50 € cada un para mercar libros na librería Cartabón! Só tes que facer clic no link da esquerda, onde pon "unirse a grupo", e entrarás no sorteo, que celebraremos o 12 de novembro, na presentación ofical de Redelibros. Moita sorte!
Espazo de reunión e debate dos aficcionados á novela histórica. Se buscas unha recomendación para as túas próximas lecturas ou queres comentar o último que liches, este é o teu sitio...
Un grupo para los amantes de la literatura fantástica, desde Tolkien hasta George R. R. Martin... o lo que se tercie.
Únete á fraternidade do último dragón galego e descubre a triloxía fantástica de Dragal
Que vos parecería poder cambiar cada mes os vosos redepuntos pola novidade editorial que máis vos apeteza?
1. O día quince de cada mes abriremos unha nova entrada neste grupo. Nela, pedirémosvos que indiquedes os títulos que acaben de saír que máis vos apetezan.
2. O primeiro día de cada mes, cos títulos que elixades a quincena anterior abriremos unha enquisa. Teredes outros 15 días para votar que libro queredes que se ofreza na tenda de Redepuntos.
3. O día 15 de cada mes anunciaremos o título ou os títulos que seleccionedes, que estarán dispoñibles na tenda de redepuntos a partir do día 1 do mes seguinte. Para que quede un pouco máis claro, este é un exemplo: do 15 ao 31 de maio, publicamos blog para que vaiades anotando os títulos. Do 1 ao 15 de xuño, publicamos enquisa cos títulos propostos, para que votedes cal elixides. Ese mesmo día ábrese a opción para o título do mes seguinte. O 1 de xullo, pomos na tenda de Redepuntos o libro seleccionado o 15 de xuño.
4. O día 1 de cada mes, xa que logo, e previo anuncio na páxina, poremos a vosa disposición o libro ou os libros elixidos na tenda. O número de títulos e de exemplares variará en función do prezo, que non somos ricos! Iso si, non haberá moitos exemplares de cada, así que teredes que estar atentos...
5. O custo dos libros ofertados roldará os 300 redepuntos. Como cada libro anunciarase polo menos con 15 días de antelación, os que andedes máis escasos de redepuntos xa sabedes o que toca se vos apetece adquirilo: participar na rede! Na tenda tedes as indicacións de como gañar redepuntos. Recordade tamén que, en caso de necesidade, sempre podedes intentar convencer a algún "ricachón" que vos ceda algúns puntos, o sistema da tenda permíteo.
Aquí, no grupo, podedes ir suxerindo os vosos libros...
Libros escollidos
2013
Xaneiro O rastro que deixamos, de Agustín Fernández Paz. Editorial Xerais.
2012
Decembro Atl, de Manuel Lourenzo González. Editorial Xerais.
Novembro Palabras de auga, de Marcos Calveiro. Editorial Xerais.
Outubro 15.724, de Xesús Constela. Editorial Xerais.
Setembro As fronteiras do medo, de Agustín Fernández Paz. Editorial Rodeira.
Agosto Onde viven os monstros, Maurice Sendak. Editorial Kalandraka.
Xullo As meigas de Lupa, de María Solar. Editorial Xerais.
Xuño Os fillos do mar, de Pedro Feijoo. Editorial Xerais.
Maio Contos estraños nº1, "Anoiteceres estraños". Contos Estraños Editora.
Abril Xoán branco e a gran revolta irmandiña, de Fran Zabaleta. Editorial NigraTrea.
Marzo Laura no deserto, de Antón Riveiro Coello. Editorial Galaxia.
Febreiro Contos estraños nº0. Amañeceres estraños.Contos Estraños Editora.
Xaneiro Ninguén, de Fran Alonso. Editorial Xerais.
2011
Decembro Poñente, de Pere Tobaruela. Editorial Xerais.
Novembro Medievalario, de Fran Zabaleta. Editorial Redelibros.
Outubro Lume de cobiza, de Miguel Anxo Fernández. Editorial Galaxia.
Setembro Non hai noite tan longa, de Agustín Fernandez Paz. Editorial Xerais.
Agosto La maldición de Hill House, de Shirley Jackson
Xullo Periferia, de Iolanda Zúñiga. Editorial Xerais.
Xuño "Los perros y los lobos", de Irene Nemirovsky
Fotos do p
Redelibros |
Libros e textos |
Opinión |
Anuncios |
Multimedia |
Membros |
Seccións |






